La coalición UPN-PP ha conseguido la victoria en las elecciones generales celebradas ayer en Navarra.
Ha obtenido dos representantes de los cinco diputados en juego y,
casi con toda probabilidad, mantiene sus tres representantes en el
Senado.
Los dirigentes regionalistas y populares menos advertidos
pueden, por lo tanto, decir que "trabajo hecho" e involucrarse en la
macro fiesta que vive el PP desde ayer con su victoria aplastante en
toda España. Por su parte, los que todavía permanezcan alejados de los efluvios de la "¡Fiestaaaaaaaaaa!" (en plan Pocholo) tienen varios temas sobre los que pensar.
El primero, que no se ha cumplido el objetivo. La coalición se montó para tener tres escaños. Punto. No se ha logrado.
Faltan unos pocos cientos o de miles de votos, ¿vale? Pero creo que es un toque
de atención para quienes planificaron una de las campañas electorales
más planas que uno recuerda. Siempre lo han sido puesto que aquí
las habas, nunca mejor dicho, se juegan en las autonómicas. Vale. Pero
es que estas eran unas elecciones "especiales".
Se medía por primera vez la estrategia de "un partido, dos acuerdos" con PSN aquí y con el PP allí y, sobre todo, era una especie de plebiscito. ¿Afectaría
al voto regionalista y de los populares la indisimulada desafección de
uno de sus líderes, Miguel Sanz? ¿Habría una cierta "respuesta" ante los
problemas que arrastra un Ejecutivo navarro que da imagen de parálisis y
división ante los problemas reales que le afectan (economía, paro) y
los que le han sobrevenido (dietas CAN)?
La realidad
es que el edificio principal ha soportado bien la carga. Pero ha dejado a
8.000 votantes en sus casas y, además, no ha logrado atraer al supuesto
electorado de CDN, formación desaparecida y con ciertas similitudes ideológicas. Por eso ha perdido el tercer escaño. ¿Desmotivación? ¿Protesta? El
factor es lo de menos.
Lo importante es que los regionalistas y
populares debieran empezar a pensar que las campañas hay que trabajarlas
más y mejor. Que hay que pelear el voto y luchar y, en eso, hay un claro ejemplo en Uxue Barkos.
Efectivamente,
ella es una de las grandes triunfadoras de la noche. Victoria personal,
exclusiva, porque ella sí que ha peleado por uno y cada uno de los
votos que ha conseguido y, además, ha demostrado a la corriente "de moda" en el nacionalismo vaco, Amaiur-Bildu, que "Navarra is different".
Que
la izquierda abertzale puede arrasar en el resto de provincias vascas,
pero aquí hay gente que puede que piense igual pero quiere tener "su" voz.
Así que el nacionalismo aparece hoy, una vez más, dividido en dos grandes bloques casi simétricos
y con idénticos votos. En cierta forma, Amaiur también comparte
sensaciones con UPN. Han avanzado mucho, muchísimo, e, incluso, "ante
Madrid" podrán presentarse como un grupo propio con siete
representantres. Pero, lo dicho, Navarra es diferente y la
izquierda abertzale hoy no puede capitalizar la voz del "nacionalismo"
en la Comunidad foral. Y lo sabe... O, al menos, sus dirigentes con un
poquito de perspectiva...
Finalmente, queda el
Partido Socialista de Navarra, auténtico superviviente de todas las
batallas. Roberto Jiménez empieza a parecerse a una especie de
Leónidas de Pitillas. Me explico.
En las autonómicas, perdieron votos pero ahí están en el Gobierno de coalición con UPN y, ahora, se dan otro batacazo pero ¡ah, amigo! salvan los muebles al conservar el segundo puesto entre las distintas formaciones políticas que concurrían. Lo dicho. Máxima optimización de dos derrotas demoledoras. Menos da una piedra.
Y, ahora, a pensar en Navarra y en Madrid y a ver cómo salimos de ésta. Trabajo no le va a faltar a Mariano y su equipo (entre los más cercanos el navarro Santiago Cervera, no lo olvidemos, sexto en la lista por Madrid...) Así que, ¡suerte, maestro, y al toro!

Navarra 2011: noche homérica y con mar de fondo (para los despiertos, claro)