domingo, 16 de mayo de 2010

Mediocridad: dos notas

El otro día Pilar Jericó, en su blog Personas y Empresas, reflexionaba sobre los comportamientos que rigen en muchas organizaciones. Su conclusión es que la mediocridad está tan extendida que ya se puede considerar como un lastre en nuestra carrera para ser más competitivos.


Estoy de acuerdo. Es más, si hay algún sector en donde queda patente de forma manifiesta esa vulgaridad son los medios de comunicación que, como reflejo de nuestro tiempo, han dimitido de su función formativa para entregarse un concepto de entretenimiento chabacano.

Es decir, que haya un mayor de edad que, supuestamente, tenga todas sus facultades psíquicas en orden, que entienda que denigrar a un mendigo puede ser un ejemplo de solidaridad suena a broma macabra. Pero así es. Luego, una disculpa para salir al paso evita la desautorización.

Porque, sea en la tele o fabricando cuchillas, lo importante es estar autorizado y, a quien corresponda, gestionar esa autorización de forma adecuada para que los que rodean a la persona que ha sido validada sientan que tienen margen de maniobra suficiente para involucrarse, aportar y, sobre todo, poder errar. Aquí, eso no.

Es lo que le ha pasado a mi amigo Antonio en su blog Hablando Solo. Que no puedas expresar una opinión razonada y razonable sin que se te insulte o te metas en un jaleo, muestra también a las claras que vivimos en una sociedad muy antigua y, sobre todo, muy pobre.

Sin embargo, ése es el principal reto que se nos presenta por encima de todo si queremos salir de la crisis. Reconocernos en el otro, ponernos en su lugar y tener respeto por lo que nos dice, aunque nos duela, deben ser los primeros dos pasos que tendremos que dar de forma obligatoria si queremos superar la mediocridad y empezar a hablar, entonces sí, de organizaciones del siglo XXI.


Share/Bookmark

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada